Voluntario canadiense en Járkiv: ‘Estaremos en Ucrania hasta el final’

La organización de Paul Hughes llevó a cabo más de 300 misiones humanitarias en Ucrania: durante una de ellas, el canadiense fue interrogado por los rusos durante 8 horas.
Denis Volokha16 Junio 2024UA DE EN ES FR IT RU

— Fue el momento más aterrador de mi vida. Estaba seguro de que iba a morir — así describe el canadiense Paul Hughes, de 59 años, el episodio más dramático en más de dos años de voluntariado en Ucrania.

En julio de 2022, estaba en Borodyanka cuando recibió una solicitud para evacuar a una niña de seis años de la región de Zaporizhia. No pudo decir que no. Sin embargo, cuando Paul llegó a Zaporizhia, resultó que se trataba de la parte de la región ocupada por los rusos. El exmilitar decidió arriesgarse y en seguida se arrepintió.

Los rusos lo pararon en uno de los puestos de control y, cuando encontraron a alguien que hablaba inglés, Paul entendió que querían llevarlo junto con el auto a alguna parte.

—Yo nunca tomo cosas de en plan juego, pero este juego parecía acabarse para mí—, comenta el canadiense.

59-річний канадець керує волонтерською організацією з гаража в Харкові, де ремонтують авто для військових. © Денис Волоха / Харківська правозахисна група The 59-year-old Canadian runs a volunteer organization from a garage in Kharkiv, where they repair cars for the military. © Denys Volokha / Kharkiv Human Rights Protection Group 59-летний канадец руководит волонтерской организацией из гаража в Харькове, где ремонтируют автомобили для военных. © Денис Волоха / Харьковская правозащитная группа

Un canadiense de 59 años dirige una organización de voluntarios desde un taller en Járkiv, donde se reparan coches para el ejército. © Denys Volokha / Grupo de derechos humanos de Járkiv

Lo llevaron a Vasylivka, donde en ese momento los ocupantes montaron un centro de coordinación. Comenzó un largo interrogatorio. A Paul lo tomaron por un espía occidental y él trataba de demostrar que era un voluntario común y corriente.

Cuando en la habitación entró el comandante, el canadiense pensó que sería su verdugo. Pero consiguió establecer comunicación con él a través de hockey.

—¿Eres de Canadá? — le preguntó el ruso—. ¿Te gusta el hockey?

— Sí, claro, me encanta el hockey, soy canadiense.

— ¿Quién es tu jugador favorito?

—Ovechkin — respondió Paul, recordando al jugador de hockey favorito de Putin.

— ¡¿Ovechkin?! ¡Pero Ovechkin es una mierda! — el comandante ruso se indignó de repente.

—¿Tretyak? — después de pensarlo, decidió nombrar a otro famoso jugador ruso (soviético).

— ¡Ah, sí, Tretyak es muy bueno! — dijo el ruso, mostrándose más benévolo.

A pesar de la apariencia intimidante del capitán, Paul dice que sintió la comprensión por su parte cuando salieron a fumar después de un interrogatorio de ocho horas: “Sentí que debajo de su chaleco antibalas y todo, podría haber un buen hombre”. Al final, le preguntó qué pasaría con él y con sus cosas, y el ruso le respondió que se lo devolverían todo y le dejarían ir.

© Денис Волоха / Харківська правозахисна група © Denys Volokha / Kharkiv Human Rights Group © Денис Волоха / Харьковская правозащитная группа

© Denys Volokha / Grupo de derechos humanos de Járkiv

Paul Hughes realmente tuvo mucha suerte: incluso regresó a este centro para pedir algún certificado al darse cuenta de que no quería que esta historia se repitiera en el siguiente puesto de control. Nos podemos imaginar que su gran corazón latía con mucha más fuerza aquél día.

Cuando un residente local ayudó a Paul conectándolo a la red Wi-Fi, vio que estaba a solo un kilómetro y medio del lugar donde tenía que recoger a la niña y a otras personas. Inmediatamente fue hasta el lugar en Google Maps y encontró un viejo garaje y una gasolinera bombardeada.

— Grité: ’¡Hola! ¿Hay gente aquí?’. Alguien se asomó a mirar, y era esa niña. Me vió a mí, mi auto y la bandera canadiense, salió corriendo y se me echó encima. Estaba temblando.

Paul metió a la niña y a cuatro personas más en el coche cuando comenzó el bombardeo con minas. A toda velocidad el canadiense se escapó del territorio ocupado y finalmente llevó a la niña a la frontera entre Ucrania y Polonia, donde la recogió su madre.

“Вона, здається, насолоджувалася, доки я їхав чимшвидше. Вона була просто найхоробрішою маленькою дівчинкою”, — коментує евакуацію Пол. “She seemed to enjoy herself while I drove as fast as possible. She was the bravest little girl,” — Paul comments on the evacuation. “Казалось, она наслаждалась, пока я ехал как можно быстрее. Она была самой храброй маленькой девочкой”, — комментирует эвакуацию Пол.

“Ella parecía disfrutar cuando yo conducía a toda velocidad. Es una niña muy valiente”, comenta Paul esta evacuación.

Fue una de las más de trescientas misiones humanitarias de la organización HUGS, fundada por Paul Hughes y su hijo Mac.

Hemos reparado más de 300 carros

Hablamos con Paul en su garaje en Járkiv, donde los voluntarios de diferentes partes del mundo reparan al mismo tiempo los vehículos de militares y voluntarios. Paul muestra una pared donde tienen colgadas fotografías y números de viajes realizados durante estos dos años. Alguien le pregunta sobre Vovchansk, a lo que inmediatamente responde con la cantidad exacta de tiempo que se tarda en llegar allí. La organización HUGS, que significa “Helping Ukraine Grassroots Support” (Ayudando a Ucrania con apoyo de base), y tiene programas para ayudar a los niños en las zonas de la línea del frente, a los desplazados internos, etc.

© Денис Волоха / Харківська правозахисна група © Denys Volokha / Kharkiv Human Rights Group © Денис Волоха / Харьковская правозащитная группа

© Denys Volokha / Grupo de derechos humanos de Járkiv

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© Denys Volokha / Grupo de derechos humanos de Járkiv

Antes de comenzar la grabación, se corta la luz, algo habitual en la Járkiv actual. Nos salva otro canadiense llamado Jaypee, que tiene su propia pequeña organización ecologista Pollute Free que instala paneles solares. Él consiguió conectar a electricidad una parte del garaje, por el cual pasaron más de 300 carros, en su mayoría militares, que se reparan aquí de forma gratuita. “La gente participa de muchas formas”, comenta Paul.

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© Denys Volokha / Grupo de derechos humanos de Járkiv

En el garaje hay muchas banderas, incluso hay un poster de la Marcha por la Libertad del Cáñamo. Durante el último año y medio en este lugar han estado las personas de más de cuarenta países. Paul está muy orgulloso de que su organización haya crecido creando una red de apoyo. Y es algo evidente: el garaje parece un hormiguero, donde constantemente viene mucha gente, con la que Paul siempre mantiene el contacto, fumando cigarrillos y, de vez en cuando, tomando una cerveza ucraniana que le gusta mucho (very good beer). En la pared también está la foto de Paul con el alcalde de Járkiv, con camisetas de hockey de Ucrania y de los Calgary Flames, el equipo de la provincia de Alberta donde vivió Paul antes de venir a Ucrania.

En Canadá, Paul Hughes se dedicaba a la agricultura y la filantropía; dice que estas experiencias le ayudaron a crear HUGS. La organización también opera en Jersón, donde la dirige su hijo, Hughes Jr.

“Los tiempos de Orcwell”

Le pregunto a Paul:

—¿Qué les diría a esas personas en Occidente que todavía se muestran escépticas sobre la guerra en Ucrania?

— No estoy seguro de poder decirlo ante la cámara, pero probablemente lo primero que diría es: ‘Saca tu cabeza de tu culo “.

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© Denys Volokha / Grupo de derechos humanos de Járkiv

— Ahora tenemos nuestra experiencia y vemos con nuestros propios ojos lo que está sucediendo aquí—, continúa Paul más educadamente. Se trata de una invasión abierta y brutal contra el país soberano: Ucrania. Sabes, intento decir esto a la gente, pero el mundo y el consumo de la información han cambiado bastante. Incluso teniendo mucha información que demuestra que esta agresión es un acto inmotivado y pérfido, acompañado por crímenes de guerra, la gente no consigue entender qué está pasando. Tienen los ojos tapados. Incluso cuando presentas los hechos o datos empíricos, la gente seguirá discutiendo.

“Vivimos en tiempos muy extraños. George Orwell escribió ‘1984’ y ‘Animal Farm’, mostrando cómo la máquina de propaganda distorsiona la realidad. Yo uso la palabra “orcwelliano”. Vivimos en la época “orcwelliana”, la época de las mentiras rusas. ¡Lo único que ellos hacen es mentir! Lo sabemos desde hace ya 40, 50, 60 años”.

Tras pasar varios meses investigando las falsificaciones rusas sobre biolaboratorios y armas químicas, le entiendo a Paul perfectamente.

“Rusia debe devolver todos los territorios y compensar los daños”

— Creo, fundamentalmente, en la paz— comienza el canadiense, que cumplirá 60 años en junio. — Pero ¿a qué condición? El precio de esta guerra ya es demasiado, escuelas. Lamentablemente, la paz no es una opción en este momento. Para lograr la paz, debe haber un acuerdo de compensación de todos los daños causados a Ucrania. También Ucrania debería recuperar todos sus territorios: Crimea y otras regiones. Sin embargo, los rusos no se lo plantean.

“Hasta que no tengamos acuerdos correspondientes, no habrá ningún acuerdo de paz. Es posible acordar un alto al fuego, pero en las condiciones actuales es casi imposible hablar de una paz plena”.

Durante el primer mes en Ucrania, Paul Hughes se sentía emocionalmente agotado casi siempre.

— Puse mi corazón en ello y fue muy triste ver todo el sufrimiento de la gente por las acciones de un maníaco psicótico. Ya había visto la desgracia humana: gente perdiendo sus hogares por los incendios en Canadá, pero no a esta escala.

“Ahora lo llevo mejor a nivel emocional, pero todavía me duele verlo todos los días. Cada vez que ves una casa destruida, pinturas y fotografías esparcidas por todos lados, juguetes de niños: es la vida de alguien. No son militares, sino una familia que hasta hace poco tenía su vida. La única culpa que tienen es que son ucranianos”.

Paul y Mac hablaron mucho sobre el tiempo que van a quedarse en Ucrania. Al final, hicieron sus promesas personales de que estarían aquí hasta que terminara la guerra.

— Le digo a la gente que es como preguntar a un bombero: ‘Oye, bombero, ¿cuándo vas a volver a casa?’, el bombero responde: ‘Bueno, cuando apaguemos el fuego’. Pues lo mismo nosotros.

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