Los civiles atrapados en Borova

Entre la segunda mitad de 2025 y la primavera de 2026, las tropas rusas intensificaron sus ataques sobre la orilla izquierda del río Oskil. El enemigo mantiene una ofensiva constante en múltiples direcciones simultáneas con un objetivo crítico: la destrucción total de la logística. Los puentes originales sobre el Oskil fueron demolidos durante la retirada rusa en el otoño de 2022; desde entonces, el Ejército de Ucrania ha intentado mantener la conectividad mediante puentes de pontones y pasarelas que el enemigo destruye sistemáticamente.
Con la evolución tecnológica de los drones y la precisión del fuego artillero, la ingeniería a gran escala se ha vuelto inviable. Resulta casi imposible construir algo con maquinaria pesada y equipos de trabajadores sin ser detectados. En la primavera de 2026, esta realidad obliga a los militares ucranianos a cruzar desde la “tierra firme” en la orilla derecha hacia el frente en la izquierda mediante vados o, en casos extremos, a nado.
Sin embargo, los militares no están solos en la orilla izquierda. En localidades como Borova, Kivsharivka y Kupiansk-Vuzlovyi todavía residen numerosos civiles. Estas poblaciones soportan bombardeos masivos diarios, mientras que la evacuación organizada agoniza por la dificultad de cruzar el río y el acoso de los drones rusos, que no discriminan y atacan incluso a los vehículos de rescate.
El periodista Sergiy Okunev, quien ha operado frecuentemente en la zona participando en misiones de evacuación, analiza la situación actual del sector y relata las extremas condiciones que definen el rescate de civiles en este 2026.
Destruicción por desespero: el fracaso de las ofensivas rusas en Borova
Antes de la invasión a gran escala, los habitantes de Borova se referían a su hogar, casi con ironía, como un lugar de “recreo”. Desde el centro de la aldea se llegaba a pie a una ribera salpicada de cafeterías y rincones predilectos para los pescadores. Esa cotidianidad se truncó en las primeras semanas de la guerra, cuando Borova cayó bajo una ocupación que se prolongó hasta el 3 de octubre de 2022. En esa fecha, el Ejército de Ucrania liberó la localidad y recuperó gran parte de la orilla izquierda del Oskil. Se estima que, de los casi 6,000 residentes originales, unos 2,000 permanecieron bajo el control ocupante.
Tras la movilización y el reagrupamiento de las tropas rusas, la estabilidad en la zona comenzó a degradarse. En la primavera de 2024, se revelaron los planes del Kremlin para una ofensiva relámpago que buscaba recapturar Borova y sus alrededores. Para contener el avance, se desplegó en el sector la 3.ª Brigada de Asalto, una de las unidades de élite de las Fuerzas Armadas de Ucrania.
Desde el verano de 2024 hasta la actual primavera de 2026, los asaltos rusos contra este tramo han sido incesantes. Aquella “ofensiva rápida” de 2024 terminó en un rotundo fracaso para los ocupantes; no obstante, la insistencia enemiga se ha mantenido firme durante un año y medio. Aunque no han logrado penetrar en la aldea ni retomar el control, los atacantes han aplicado una estrategia de tierra quemada: ante la incapacidad de capturar Borova, han optado por destruirla por completo.

En marzo de 2026, apenas quedan unos 206 residentes en Borova, de una población que antes sumaba varios miles, según informó Olena Klymenko, jefa adjunta de la localidad, en una entrevista para “Gwara Media”. La evacuación se ha vuelto extremadamente compleja: los equipos civiles que antes operaban activamente en el sector ya no pueden acceder a la orilla izquierda.
El obstáculo prioritario es la destrucción de puentes y pasarelas. A pesar de que Borova se encuentra prácticamente en la ribera del Oskil, el paso hacia la “tierra firme” en la otra orilla solo es posible nadando o mediante botes. Sin embargo, los drones rusos vigilan un frente que se extiende hasta 20 kilómetros hacia la retaguardia, y desde Borova hasta las primeras posiciones rusas solo hay 5 km de distancia. En este contexto, cualquier embarcación en el río se convierte en un objetivo prioritario para los operadores de drones enemigos.
Militares desplegados en este sector afirman que podrían existir casos de personas que se ahogaron intentando escapar desde la orilla izquierda hacia la derecha. Aunque las autoridades oficiales no han confirmado estos incidentes de forma masiva —y de haber ocurrido, parecen ser casos aislados—, la realidad es que el rescate desde Borova es hoy una tarea heroica que pronto podría volverse imposible.


Intentos de revancha: tras el fracaso en Kupiansk, los rusos buscan infiltrarse en las zonas circundantes
Durante el invierno de 2025-2026, el Ejército de Ucrania recuperó el control de la estratégica ciudad de Kupiansk. Esto sucedió apenas semanas después de que el dictador ruso anunciara oficialmente el control total de la urbe. Mientras los militares ucranianos publicaban imágenes izando banderas en diversos distritos liberados, la propaganda rusa y sus altos mandos seguían sosteniendo una realidad inexistente.
Tras la pérdida de Kupiansk y ante un nivel crítico de bajas y el riesgo de cerco, las tropas rusas iniciaron un intento de revancha, intensificando la presión al suroeste, en la orilla izquierda del Oskil. Esta ofensiva afecta a asentamientos clave como Kupiansk-Vuzlovyi, Kivsharivka y el pueblo de Podoly.
A finales de enero de 2026, el Jefe del Estado Mayor ruso, Guerasimov, intentando mitigar el fracaso en Kupiansk, anunció inesperadamente la captura de Kupiansk-Vuzlovyi. Incluso las fuentes de propaganda rusa mostraron sorpresa ante tal afirmación, ya que los datos de OSINT situaban a sus tropas a 10 kilómetros de la ciudad, estancadas sin avances durante meses. Mientras el mando ruso proclamaba la captura, los soldados ucranianos grababan vídeos desde el centro de la localidad, donde en ese momento ni siquiera se libraban combates.
Pese a las falsedades oficiales, el aumento de la presión militar fue real. En marzo, grupos de asalto rusos intentaron avanzar hacia Kivsharivka, que en su día fue el asentamiento urbanizado más grande de Ucrania, con una población de 17.000 habitantes.
La situación en este sectór es idéntica a la de Borova: los rusos han destruido todos los cruces clave sobre el Oskil. En Kivsharivka y Kupiansk-Vuzlovyi permanecen cientos de civiles cuyo único camino hacia la “tierra firme” implica cruzar el río por vados o a nado, un desafío mortal bajo bombardeos constantes y el acecho de drones que atacan indiscriminadamente a cualquier persona en movimiento.


El rescate de civiles hoy: una operación de fuerzas especiales
A finales de febrero de 2026, combatientes de la 33.ª Brigada Mecanizada documentaron una operación especial para rescatar a una familia en la orilla izquierda del Oskil.
"Localizamos a civiles con hijos menores y heridos que necesitaban ayuda urgente y organizamos la evacuación. Entre ellos se encontraba una mujer nacida en 1992 con una fractura de columna y daños en la médula espinal. Fue un traslado sumamente difícil, ya que debíamos mantenerla en posición horizontal. Presentaba quemaduras graves en el rostro y pérdida parcial de la visión. Su hijo menor, de solo 7 años, sufría un fuerte trauma psicológico y una contusión leve”, informó la brigada al medio “Army Inform”.
Durante la operación hacia la orilla derecha, se logró poner a salvo a cinco personas: dos mujeres y tres niños. El rescate exigió el uso de vehículos blindados y botes, ejecutándose de noche bajo la amenaza constante de drones. En 2026, evacuar incluso a un grupo pequeño de personas de la orilla izquierda requiere una planificación táctica tan detallada que se asemeja más a una incursión militar que a una misión humanitaria convencional.
Posteriormente se confirmó que la familia rescatada figuraba en las listas de búsqueda oficial desde hacía casi un año.
