¿Qué hay detrás de los ataques rusos a la infraestructura digital?

Rusia ataca cada vez más los centros de datos, instalaciones clave de las que dependen proveedores, sitios web, medios de comunicación y decenas de servicios digitales. Aquí explicamos si estos ataques pueden dejar a Ucrania sin internet y dónde está el límite entre un objetivo militar y la infraestructura civil.
Mariya Krykunenko12 Octubre 2026UA EN ES FR RU

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De torres de televisión a centros de datos: la evolución de los ataques rusos a telecomunicaciones

Los ataques contra la infraestructura que garantiza la conectividad y la información en Ucrania comenzaron en los primeros días de la invasión a gran escala. Al principio, los objetivos eran principalmente torres de televisión, estaciones base de telefonía móvil y redes de operadores o proveedores. El 1 de marzo de 2022, un misil ruso impactó contra la torre de televisión de Kyiv: cinco personas murieron, otras cinco resultaron heridas y la señal televisiva se interrumpió temporalmente. Antes del ataque, Rusia había anunciado públicamente su intención de golpear centros de información en la capital. La investigación ucraniana identificó posteriormente a los comandantes rusos vinculados a esta operación.

Dos semanas después, el 14 de marzo de 2022, dos misiles alcanzaron la torre de televisión y las oficinas administrativas de Antopil, en la región de Rivne. Al día siguiente, las autoridades confirmaron al menos 20 muertos. Al mismo tiempo, los combates e intensos bombardeos interrumpieron el servicio de internet en Kyiv, Járkiv, Jersón, Severodonetsk y otras ciudades. En marzo de 2022, por ejemplo, los ataques dejaron sin conexión parcial al proveedor capitalino Uacity, mientras que Járkiv y Jersón sufrieron caídas masivas de red.

En mayo de 2023, el Ministerio de Transformación Digital informó que Rusia había destruido o dañado casi la cuarta parte de las redes de internet del país y más de 3.000 estaciones base móviles. En los territorios liberados, los operadores hallaron equipos desmantelados o robados, y las cuadrillas de reparación tuvieron que trabajar bajo el fuego enemigo. El 8 de mayo de 2023, en Stanislav (región de Jersón), Rusia atacó un equipo de técnicos que intentaba restablecer la conexión.

Durante 2024, las fuerzas rusas mantuvieron la presión sobre la infraestructura de información. El 22 de abril, un ataque destruyó parte de la torre de televisión de Járkiv y dejó a la ciudad con graves problemas de señal digital. El 6 de mayo fue alcanzada la torre de Bilopillia, en la región de Sumy; los propios medios de propaganda rusos difundieron el video del ataque señalándola como torre de telefonía. La destrucción continuó en 2025: el 30 de octubre fue dañada la torre del centro de Chernígiv, y en noviembre las autoridades reportaron daños en estructuras de telefonía móvil en las regiones de Jersón y Chernígiv, donde fué dañada la torre de televisión en el pueblo de Semenivka.

Según estimaciones conjuntas del Banco Mundial, la Comisión Europea, la ONU y el Gobierno de Ucrania, a finales de 2025 los daños directos en telecomunicaciones, infraestructura digital y medios superaban los 2.500 millones de dólares, a los que se sumaban pérdidas indirectas de otros 2.700 millones. Las regiones más golpeadas fueron Donetsk, Zaporiyia, Jersón y Járkiv.

En la segunda mitad de septiembre de 2026, Rusia reorientó sus ataques hacia los centros de datos y la red de telecomunicaciones de Kyiv. Uno de los golpes más duros ocurrió el 23 de septiembre. Según el Ministerio de Transformación Digital, unos 100.000 hogares de la capital y sus alrededores perdieron el acceso a internet. Proveedores como UTELS, “Pavutyna”, MiroHost, “Domonet”, KIEVNET o Faust reportaron daños e interrupciones; también resultó afectado el centro de datos del CEC “Parkovy”. Varios operadores tuvieron que migrar su tráfico a equipos de reserva para restablecer el servicio progresivamente.

El Ministerio de Defensa ruso no ocultó que los centros de datos figuraban entre sus objetivos y afirmó haber alcanzado dos instalaciones en Kyiv que presuntamente servían a las Fuerzas Armadas ucranianas. El ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Andriy Sybiha, replicó subrayando el carácter estrictamente civil de esta infraestructura, esencial para mantener conectada a la población y difundir alertas de misiles y drones en tiempo real.

El 25 de septiembre, otro ataque dañó el centro de datos de “Datagroup” en Kyiv. La empresa confirmó que no hubo heridos, que los datos de los clientes quedaron a salvo y que los servicios continuaron operando desde sedes de respaldo. Moscú volvió a justificar el ataque asegurando que el recinto procesaba datos de inteligencia militar, una afirmación de la que no existía verificación independiente en fuentes abiertas.

Al día siguiente, la sede de DC|COSMONOVA sufrió daños devastadores. Tras sobrevivir a tres ataques consecutivos con drones, el impacto del 26 de septiembre la dejó fuera de servicio de forma definitiva, interrumpiendo varios servicios en línea y la señal de diversos canales de televisión. La compañía anunció el cierre permanente de su infraestructura física en la capital.

El 27 de septiembre resultó alcanzada la sede de Kyivstar en Kyiv; ese mismo día, Rusia afirmó haber golpeado también un centro de datos de Vodafone Ukraine —extremo no confirmado públicamente por la operadora—, y el 30 de septiembre Moscú reportó un nuevo ataque contra un “centro de comunicaciones” en la ucraniana.

¿Cuándo puede un centro de datos considerarse un objetivo militar?

Bajo el derecho internacional humanitario, un centro de datos de uso civil goza de la misma protección legal que cualquier otro bien civil. Solo puede ser atacado si cumple estrictamente los criterios de objetivo militar. El artículo 52 del Protocolo Adicional I de los Convenios de Ginebra exige dos condiciones simultáneas: que el objeto contribuya de manera eficaz a la acción militar y que su destrucción, captura o neutralización ofrezca una ventaja militar definida en las circunstancias del momento.

Trazar esta línea en los centros de datos es complejo, ya que en un mismo edificio coexisten servidores de bancos, medios de comunicación, proveedores de internet, empresas privadas, instituciones públicas y, eventualmente, equipos militares. Sin embargo, la simple presencia de un servicio estatal o militar no convierte a todo el complejo en un objetivo legítimo; es indispensable determinar la función real de cada equipo. Un servidor que aloja el sitio web de un organismo público o datos administrativos no es un objetivo militar solo por pertenecer al Estado. La situación cambia si este transmite datos de inteligencia, gestiona comunicaciones del ejército o coordina operaciones de combate. En ese caso, el equipo específico o una sección del centro de datos podría considerarse objetivo militar bajo ciertas condiciones.

Si solo una parte de la infraestructura tiene uso militar, esto condiciona la elección de la meta: no se puede asumir que unos pocos servidores militares conviertan a todo el centro de datos en un blanco legítimo. Tampoco basta con que haya tenido un uso militar en el pasado; el estatus se evalúa en el momento preciso del ataque. Quien planifica la operación tiene la obligación explícita (artículo 57 del Protocolo Adicional I) de verificar con información actualizada si el objeto mantiene su valor militar, agotar todos los medios para confirmarlo y elegir métodos que minimicen el impacto en la población civil.Si durante la preparación o ejecución del ataque se hace evidente que el objetivo no es militar o que el daño esperado a los civiles será excesivo, el ataque debe cancelarse o suspenderse inmediatamente.

Para los centros de datos, esto es especialmente importante debido a las consecuencias que pueden extenderse mucho más allá del edificio dañado. Una sola instalación de servidores puede garantizar el funcionamiento de proveedores, sitios web, servicios en la nube, medios u otros sistemas en diferentes distritos e incluso ciudades. Por lo tanto, al planificar un ataque, es importante evaluar no solo cuántas personas se encuentran dentro del centro de datos, sino también las consecuencias previstas de su desactivación. El CICR llama la atención sobre estas consecuencias en cascada de los ataques digitales: el daño a un nodo puede afectar el funcionamiento de muchos otros sistemas civiles.

Por lo tanto, incluso si un centro de datos cumple realmente una función militar, esto no anula el principio de proporcionalidad. El derecho internacional humanitario prohíbe un ataque si se puede prever que el daño incidental a los civiles será excesivo en relación con la ventaja militar concreta y directa esperada. Por consiguiente, la escala del uso civil del objeto y la posibilidad de elegir un medio de ataque más preciso, un momento diferente o un objetivo con menor riesgo para la población también son importantes. La evaluación jurídica se vuelve aún más estricta si el centro de datos no tenía ninguna función militar. Dirigir deliberadamente un ataque contra un objeto civil puede constituir un crimen de guerra. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional califica directamente como crímenes de guerra los ataques deliberados contra bienes civiles que no sean objetivos militares.

Otro posible elemento de crimen de guerra surge cuando el objeto era efectivamente un objetivo militar, pero el ataque se llevó a cabo sabiendo que el daño esperado a los civiles sería claramente excesivo en comparación con la ventaja militar prevista. Aquí ya no se trata del estatus del centro de datos en sí, sino de cómo se planificó el ataque y qué sabían quienes tomaron la decisión.

Se evalúa por separado si se tomaron las precauciones adecuadas. Información sobre el objetivo no verificada u obsoleta, la falta de intentos para aclarar su función, la elección de un medio de ataque con un riesgo obviamente mayor para los civiles: todo esto puede ser relevante para la evaluación jurídica. Al mismo tiempo, no toda violación de las reglas de la guerra constituye automáticamente un crimen de guerra independiente: para la responsabilidad penal es necesario establecer los elementos específicos del delito y la forma correspondiente de culpabilidad. Por lo tanto, dos ataques a centros de datos similares pueden tener una evaluación jurídica completamente diferente. En un caso puede tratarse de un ataque deliberado contra un objeto civil, en otro de un ataque a un objetivo militar legítimo con daños excesivos a los civiles, y en otro más de una violación de la obligación de verificar adecuadamente el objetivo o minimizar las consecuencias.

¿Podrá Rusia dejar a los ucranianos sin internet?

Desconectar por completo a Ucrania de internet solo mediante ataques a unos pocos centros de datos es poco probable. Históricamente, el internet ucraniano se construyó como un sistema muy ramificado: en el país operan más de tres mil proveedores, muchos de los cuales tienen sus propias redes de fibra óptica, conexiones a varios operadores troncales y rutas de respaldo. Las grandes empresas también pueden tener sus propios canales de comunicación internacionales. Dicha descentralización hace que la red sea más resistente a la destrucción física de nodos individuales. Los expertos consultados por Suspilne y DW coinciden en que un apagón total de internet para todo el país es poco probable.

En la práctica, esto significa que la pérdida de un centro de datos no detiene necesariamente el trabajo de un proveedor. El tráfico se puede desviar a través de otros canales, el equipo se puede trasladar a una ubicación de respaldo y los servicios se pueden iniciar desde otro centro de datos. Tras los ataques de septiembre, a la mayoría de los proveedores afectados les tomó aproximadamente un día restablecer los servicios, según Suspilne. En el caso de Cosmonova, tras la interrupción del centro de datos de Kyiv, la empresa comenzó a restaurar los servicios desde ubicaciones de respaldo geográficamente distantes, y se pudieron conservar los datos de los clientes.

El funcionamiento de este modelo en condiciones de constantes bombardeos se observa claramente en el ejemplo de las ciudades de primera línea. Oleksandr Hlushchenko, representante del sector de telecomunicaciones, habló con Suspilne sobre la experiencia de Kramatorsk, donde los proveedores tuvieron que trasladar equipos activos muchas veces y volver a tender líneas troncales después de los daños. Es decir, la red puede seguir funcionando incluso allí donde sus elementos individuales son destruidos constantemente. Sin embargo, la resiliencia de todo el sistema no significa que los usuarios no vayan a sentir las consecuencias de los ataques. En un distrito o ciudad, la conexión puede desaparecer durante unas horas o días, especialmente si un centro de datos, una línea troncal y el suministro eléctrico resultan dañados al mismo tiempo. Los lugares donde convergen muchas redes en un solo nodo o donde el proveedor cuenta con pocas rutas de respaldo siguen siendo los más vulnerables. Por lo tanto, un ataque a un gran centro de datos puede afectar simultáneamente a los clientes de varias empresas diferentes, aunque toda la red ucraniana siga funcionando.

La electricidad es otro punto vulnerable. Los servidores, enrutadores, estaciones base y otros equipos de telecomunicaciones requieren energía. Los proveedores instalan baterías, generadores y sistemas de energía ininterrumpida, pero sus recursos no son infinitos. Durante un corte de energía prolongado, parte del equipo puede apagarse y las redes móviles se sobrecargan adicionalmente debido a que los usuarios migran masivamente del Wi-Fi doméstico al internet móvil. Para el internet fijo, la tecnología PON (redes ópticas pasivas) se ha convertido en una de las formas de aumentar la resiliencia. En una red de este tipo, no hay una gran cantidad de nodos activos entre el equipo del proveedor y el cliente que requieran energía separada. Si el equipo principal del proveedor y el enrutador del usuario cuentan con energía de respaldo, el internet puede funcionar incluso durante un corte de electricidad local.

Por lo tanto, el riesgo más realista para Ucrania es una serie de interrupciones locales o regionales. Si se atacan simultáneamente centros de datos, canales troncales, el sector energético y los equipos de los operadores, la restauración se vuelve más compleja y costosa. Los proveedores tienen que mantener sitios de respaldo, tender rutas alternativas, comprar generadores y duplicar equipos. Esto permite que la red sobreviva a los ataques, pero requiere constantes gastos y trabajo de personas que, de hecho, reconstruyen las secciones dañadas de la red ya durante las hostilidades.

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