Fósforo como táctica de guerra

Las tropas rusas vuelven a emplear proyectiles incendiarios. Probablemente se trate de fósforo blanco.
Sergiy Okunev29 Marzo 2026UA DE EN ES FR RU

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Imagen ilustrativa ©Grupo de Derechos Humanos de Járkiv

Las tropas de ocupación rusas han recurrido nuevamente al uso de municiones incendiarias, esta vez durante los asaltos a la ciudad de Kostantynivka, en la región de Donetsk. En el vídeo se observa la caída de “antorchas” características sobre el sector residencial de la ciudad. Estas imagenes las publicó la unidad de reconocimiento de la 28.ª Brigada Mecanizada Independiente “Caballeros de la Campaña de Invierno”. Según informes de la unidad, en esta ocasión los atacantes utilizaron cargas de fósforo. Los ocupantes emplearon activamente estas municiones —particularmente las de fósforo— desde el inicio de la invasión a gran escala, y no han renunciado a este armamento tras cuatro años de conflicto.

El fósforo blanco es una sustancia química que se inflama espontáneamente al contacto con el oxígeno y arde a temperaturas superiores a los 800 °C. Las armas basadas en fósforo se consideran extremadamente peligrosas: el fuego resultante es sumamente difícil de extinguir y cualquier contacto con la piel humana provoca quemaduras químicas profundas y graves. Además, su combustión genera un humo blanco acre —visible en el vídeo de la 28.ª Brigada— que resulta tóxico para el ser humano, pudiendo causar intoxicaciones severas o daños irreversibles en las vías respiratorias y los pulmones.

Formalmente, las armas de fósforo blanco no se clasifican como armas químicas por definición; sin embargo, el Derecho Internacional Humanitario (DIH), específicamente el Protocolo III de la Convención de la ONU sobre Ciertas Armas Convencionales, restringe severamente el uso de armas incendiarias. En concreto, su empleo está prohibido en zonas pobladas y en lugares con concentración de civiles. Otra razón fundamental para esta prohibición es que los proyectiles incendiarios afectan superficies extensas y actúan, por su propia naturaleza, como armas de efectos indiscriminados.

Según los últimos datos, en la ciudad de Kostiantynivka, a pesar del riesgo extremo, los bombardeos diarios, el acoso de drones enemigos y la carencia de condiciones básicas, aún permanecen unos 2000 residentes. Su evacuación ha sido compleja durante mucho tiempo y en la actualidad es casi imposible. Los drones enemigos atacan cualquier vehículo, incluidos los de evacuación. En la red circulan múltiples vídeos de ataques rusos contra transportes de voluntarios; en particular, un vehículo de la fundación humanitaria “Proliska” fue blanco de una de estas agresiones, pese a ser una organización sin vínculos militares dedicada exclusivamente a la ayuda humanitaria.

El caso de Kostiantynivka no es un hecho aislado. El uso de fósforo y otros proyectiles incendiarios fue recurrente durante la batalla de Bajmut en 2022 y, especialmente, en 2023. Durante aquellos bombardeos, aún quedaban numerosos civiles en la ciudad, al igual que ocurre en Kostiantynivka en este 2026. También se registraron ataques con fósforo en los combates cerca del asentamiento de Velyka Novosilka, al sur de Donetsk, con imágenes documentadas por militares ucranianos ya en 2022.

No obstante, es probable que el punto crítico del uso de esta arma se alcanzara en los combates por Mariúpol, específicamente durante la defensa de la acería “Azovstal”. La aviación rusa obtuvo la superioridad aérea en las primeras semanas del asedio y procedió a bombardeos masivos y continuos contra la ciudad y las posiciones ucranianas. En diversos puntos de Mariúpol se emplearon municiones de fósforo, quedando registradas en vídeo en repetidas ocasiones. Los ataques más intensos se dirigieron contra “Azovstal”, último bastión de la defensa, provocando incendios incontrolables y nubes de sustancias altamente tóxicas.

En junio de 2025, la unidad ucraniana “K-2” publicó pruebas sobre la destrucción de un sistema de lanzamiento múltiple de cohetes ruso “Grad” que, según los informes, transportaba proyectiles químicos desconocidos. Esto se sustenta en las imágenes de vídeo y en interceptaciones de radio donde los mandos rusos instaban a sus tropas a usar máscaras antigás porque el “Grad estaba cargado con sustancias químicas”. Teóricamente, podrían haber sido proyectiles de fósforo blanco, dado que la Unión Soviética fabricaba estas municiones para los sistemas de fuego múltiple “Grad”.

En general, las tropas de ocupación rusas utilizan con frecuencia diversos agentes químicos en sus operaciones. Esta práctica fue común durante los combates por Toretsk, en la región de Donetsk. Combatientes de la brigada “Khyzhak” (Depredador), en diálogo con el periodista Sergiy Okunev, informaron que los ocupantes equipaban drones con dispositivos de gases asfixiantes, probablemente del tipo Cheremuja (cloroacetofenona, CN). Es un agente lacrimógeno irritante que, a mediados del siglo XX, era utilizado por fuerzas de seguridad para dispersar disturbios. El Cheremuja provoca lagrimeo intenso y escozor agudo en ojos y vías respiratorias; debido a su alta toxicidad, en el siglo XXI ha sido sustituido casi globalmente por alternativas más seguras.

En 2024, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) publicó un informe sobre el presunto uso de productos químicos tóxicos como armas por parte de las fuerzas rusas. Ucrania, amparada en la Convención sobre las Armas Químicas, solicitó el envío de especialistas de la OPAQ para investigar un incidente cerca de Illinka, en la región de Dnipropetrovsk. Su solicitud fue respondida con el envío del grupo técnico de OPAQ a Ucrania.

"Durante la misión, el equipo de expertos de la Secretaría técnica recopiló documentación, archivos digitales y testimonios de testigos, además de recibir tres muestras recogidas por Ucrania: el casquillo de una granada y dos muestras de suelo de una trinchera. Los análisis, realizados de forma independiente por laboratorios designados por la OPAQ, confirman que las muestras contienen el agente de control de disturbios 2-clorobencilidenomalononitrilo, conocido como ’CS’”, detalla el informe oficial. La OPAQ declaró que su Director General, el embajador Fernando Arias, expresó su “seria preocupación por estas conclusiones”.

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