Centros comerciales, mercados y almacenes: así destruye Rusia la infraestructura comercial de Ucrania

Según los datos de la iniciativa T4P, al 27 de agosto de 2026 se han documentado ya 8179 episodios de ataques contra instalaciones empresariales. Presentamos los casos más representativos de estas agresiones y sus consecuencias.
Ataques a grandes instalaciones comerciales
El pasado 21 de agosto, alrededor de las 16:30, un dron ruso impactó en el centro comercial “Sóniachna Galereya”, en Kryvyi Rig. En ese momento, el recinto estaba abierto y concurrido. Unos treinta minutos después, un segundo dron alcanzó el mismo edificio. Este ataque dejó un saldo de al menos 16 civiles asesinados y otros 128 heridos, entre ellos al menos 23 niños.

El impacto desató un incendio de grandes proporciones y provocó severos destrozos en la estructura interna. Los forjados, el techo y los locales sufrieron daños graves, dejando parte del inmueble reducido a escombros. Tras el primer impacto, equipos de la policía, bomberos y servicios médicos acudieron al lugar para evacuar a la gente, atender a los heridos y sofocar las llamas. Fue en medio de estas labores cuando se produjo el segundo impacto.
“El hecho de que el centro comercial fuera atacado dos veces con un intervalo de unos 30 minutos demuestra de forma contundente que era el objetivo deliberado de la operación”, declaró Danielle Bell, jefa de la Misión de Monitoreo de los Derechos Humanos de la ONU en Ucrania.
Tras la agresión, los canales de propaganda rusos difundieron sus propias versiones del suceso. Alegaron que en el recinto supuestamente se almacenaban drones, que en el aparcamiento había material militar y que el impacto provocó una “detonación secundaria”. Varios canales prorrusos admitieron abiertamente que el centro comercial era un objetivo militar planificado.

Representantes de la Misión de Monitoreo de la ONU inspeccionaron el lugar del ataque, visitaron el hospital y se entrevistaron con heridos y testigos. Confirmaron que el centro comercial operaba con normalidad y albergaba a numerosos civiles en el momento del impacto. Durante la inspección, los observadores no hallaron indicios de presencia, actividad o equipamiento militar que justificaran considerarlo un objetivo bélico. La Misión concluyó que la acción constituye, muy probablemente, una violación del derecho internacional humanitario.
Según Maksym Gavriushyn, presidente del Consejo Ucraniano de Centros Comerciales, “Sóniachna Galereya” se convirtió en el 39.º establecimiento comercial dañado en Ucrania desde el inicio de la invasión a gran escala. Asimismo, la base de datos de Tribaunal para Putin registraba, al 27 de agosto de 2026, un total de 8.179 ataques contra comercios, fábricas y otros activos empresariales.
Uno de los episodios más mortíferos contra el sector comercial fue el bombardeo del centro comercial “Amstor” en Kremenchuk, el 27 de junio de 2022. Un misil ruso impactó en el recinto mientras permanecía abierto al público, provocando la muerte de 22 personas y decenas de heridos. Las autoridades rusas afirmaron que el objetivo era una fábrica adyacente y un depósito de municiones. Sin embargo, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre Ucrania descartó la presencia de material bélico en dichas instalaciones. La Comisión confirmó además que el edificio sufrió un impacto directo de misil y no daños derivados de un incendio externo. El organismo calificó el hecho como un ataque indiscriminado y señaló que las fuerzas rusas incumplieron el deber de precaución al no verificar el objetivo ni elegir medios que redujeran los riesgos para la población civil.

Otro ataque de gravedad ocurrió el 25 de mayo de 2024 en Járkiv, cuando las fuerzas rusas lanzaron dos bombas guiadas contra el hipermercado de la construcción “Epitsentr”. Al tratarse de un sábado, el establecimiento contaba con una gran afluencia de clientes y empleados. Un total de 19 personas fueron asesinadas y 54 resultaron heridas. La organización Truth Hounds, tras analizar lo sucedido, determinó la ausencia de objetivos militares en el recinto o sus inmediaciones, concluyendo que la naturaleza y los efectos de la incursión sugieren un ataque intencionado contra la población e infraestructuras civiles.
A principios de agosto de 2026, la cadena “Epitsentr” contabilizaba 11 centros comerciales totalmente destruidos en Mariúpol, Cherníhiv, Bucha, Níkopol, Járkiv, Kamianske, Sumy, Kryvyi Rig, Zaporiyia y dos en Jersón, además de al menos 15 establecimientos con daños de diversa consideración. El 24 de agosto, la cifra aumentó tras el deterioro de otros dos complejos “Epitsentr” en Odesa por un nuevo ataque.

Ataques contra mercados
Los bombardeos rusos han golpeado de forma reiterada los mercados locales, espacios con alta concentración diaria de civiles. Uno de los casos más mortíferos tuvo lugar el 6 de septiembre de 2023 en Kostiantynivka (región de Donetsk). Cerca de las 14:00, un proyectil impactó en pleno mercado central, cobrándose la vida de 17 personas y dejando más de 30 heridos. El fuego destruyó decenas de puestos comerciales, vehículos y edificios colindantes.

El mercado “Barabashovo” de Járkiv, uno de los complejos comerciales más extensos del país, ha sido objeto de múltiples ataques. En marzo de 2022, un bombardeo desencadenó un incendio masivo que arrasó cerca de siete hectáreas. Mientras los equipos de rescate sofocaban las llamas, las fuerzas rusas ejecutaron un segundo impacto en el que falleció un bombero del Servicio Estatal de Emergencias (DSNS) y otro resultó herido. En julio de ese mismo año, el mercado volvió a ser bombardeado, con un saldo de dos personas asesinadas y más de 20 heridos. Posteriormente, en mayo de 2025, otra incursión destruyó decenas de puestos y dañó más de un centenar.

El 1 de octubre de 2024, la artillería rusa atacó el entorno del Mercado Central de Jersón alrededor de las nueve de la mañana, en hora de máxima afluencia. El fuego afectó a puestos de venta, una farmacia y una parada de transporte público, provocando la muerte de seis personas y lesiones a otras seis.
En febrero de 2026, las tropas rusas atacaron un mercado en Druzhkivka (región de Donetsk). Según las investigaciones, se emplearon lanzacohetes múltiples “Smerch” con municiones de racimo. Siete personas de entre 43 y 81 años fueron asesinadas y al menos 15 resultaron heridas, lo que obligó a las autoridades locales a clausurar temporalmente el recinto por motivos de seguridad.
Destrucción de almacenes y centros logísticos
La ofensiva contra la infraestructura de almacenamiento comenzó en 2022. La Oficina de Programas de Inversión calcula que durante el primer año de guerra se destruyeron entre 600 000 y 700 000 metros cuadrados de superficie logística en Ucrania. Entre las principales pérdidas figuran el complejo “West Gate Logistic” en Stoyanka (cerca de Kyiv), donde se quemaron mercancías de empresas como “Goodwine” y “Watsons”, los almacenes de ATB y la sede logística central de “Foxtrot” en Gostomel. Asimismo, el 12 de marzo de 2022, un ataque destruyó una nave de productos congelados en Kvitneve que albergaba existencias del grupo ucraniano MHP, con pérdidas estimadas en 230 millones de hrivnas.
Entre 2025 y 2026 se registró una nueva oleada de ataques intensificados. El 25 de noviembre de 2025, un misil impactó en el centro logístico de NOVUS (de más de 50 000 metros cuadrados), provocando la muerte de cuatro camioneros de empresas proveedoras y heridas a otras cinco personas. A principios de 2026, los bombardeos contra grandes almacenes se sucedieron en cadena: en febrero fue destruido el principal almacén de producto terminado de “Roshen” en Yagotyn; en abril, un incendio arrasó más de 21 000 metros cuadrados del centro logístico de “Simi” y “Sim23” en Lutsk; y en mayo quedó destruido el centro “UVK” de “Fozzy Group” en Dnipró. El 3 de junio, el impacto directo de un dron inutilizó una planta de distribución de ATB de 37 500 metros cuadrados que abastecía a unos 300 establecimientos.

En julio, la destrucción de activos continuó al alza. El 2 de julio sucumbió el almacén de “Denka Logistics”, que albergaba productos de “Intertop Ukraine”, “BookChef” y OKWINE, entre otros. En esa misma jornada, un ataque destruyó por completo la única nave central de MOYO, de 7 500 metros cuadrados. La noche del 19 de julio, un misil alcanzó el complejo “Amtel” en la región de Kyiv, perjudicando a firmas como “Goodwine” y “Knygolav”. El Consejo Ucraniano de Centros Comerciales informó sobre las consecuencias del ataque.

En agosto de 2026 Rusia empieza una oleada de ataques bastyante má inteensos. La noche del 5 de agosto, varios misiles volvieron a golpear el centro logístico de NOVUS, paralizando por completo su actividad. Esa misma noche se declararon incendios en cuatro centros de distribución de “Fozzy Group” que abastecían a las cadenas “Silpo”, “Fora” y THRASH. La empresa confirmó la muerte de ocho trabajadores y 21 heridos. Paralelamente, tres misiles balísticos destruyeron la nave de distribución de “Rozetka” en Brovary, por la que procesaban más de 100 000 pedidos diarios. En Kyiv se quemó un centro logístico de “Epitsentr”, mientras que el ataque al centro de clasificación de “Nova Poshta” dejó tres muertos: dos conductores de una empresa colaboradora y un trabajador contratista.

Las incursiones prosiguieron durante la segunda mitad del mes. El 18 de agosto resultó dañado el centro de distribución de EVA en Brovary, y dos días después, la nueva planta de “Fora” en Martusivka, operativa desde hacía apenas una semana. También se notificaron desperfectos en las instalaciones del socio logístico de VARUS en Boryspil.
El impacto económico de estas pérdidas lastra la operativa del sector. Según Yevhenia Loktionova, directora de UTG, la oleada de agosto supuso la pérdida de unos 400 000 metros cuadrados de espacio logístico en Ucrania (entre 80 000 y 100 000 de ellos de almacenamiento en frío). En la región de Kyiv la disponibilidad de espacio cayó al 2,5 %, con una ausencia casi total de naves superiores a los 10 000 metros cuadrados. Esta situación ha obligado a las empresas a modificar rutas, derivar envíos y redistribuir existencias entre regiones. Para los consumidores, las consecuencias se traducen en desabastecimiento temporal de ciertos productos, menor variedad en catálogo y retrasos en las entregas en línea.
¿Quién responderá por estos ataques?
Los centros comerciales, supermercados, mercados, tiendas y almacenes civiles están protegidos por el derecho internacional humanitario. En virtud del Protocolo Adicional I a los Convenios de Ginebra, las partes en conflicto deben distinguir en todo momento entre bienes civiles y objetivos militares, dirigiendo sus operaciones únicamente contra estos últimos. El artículo 52 del Protocolo establece que un objeto solo constituye un objetivo militar si contribuye eficazmente a la acción bélica y si su destrucción ofrece una ventaja militar definida en las circunstancias del momento.
La mera proximidad de un comercio o almacén a una instalación militar no lo convierte en un objetivo legítimo. Aun existiendo un objetivo militar cercano, la parte atacante debe evaluar la proporcionalidad y los riesgos para los civiles. El artículo 51 del Protocolo Adicional I prohíbe taxativamente los ataques indiscriminados y desproporcionados, mientras que el artículo 57 exige adoptar todas las precauciones viables en la elección de objetivos, armas y métodos de ataque.
Por ello, la investigación de estas agresiones requiere determinar cuál era el objetivo fijado por los mandos militares, de qué información disponían antes del ataque, si fue verificada, la afluencia estimada de civiles y el tipo de armamento empleado. Dirigir intencionadamente ataques contra bienes civiles constituye un crimen de guerra según el artículo 8 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.
Existen asimismo disposiciones específicas para la infraestructura alimentaria. El artículo 54 del Protocolo Adicional I protege los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil, incluidos los alimentos y sus almacenes. El Estatuto de Roma tipifica además como crimen de guerra el uso del hambre de la población civil como método de guerra, lo que exige acreditar el propósito del ataque y el papel de la nave afectada en el suministro de víveres.
La responsabilidad penal alcanza a los distintos niveles de mando y ejecución. Los artículos 25 y 28 del Estatuto de Roma regulan la responsabilidad individual y la del superior militar, abarcando tanto a los ejecutores directos como a quienes ordenaron o facilitaron el delito, o a aquellos mandos que, sabiendo o debiendo saber que sus subordinados cometían crímenes, no adoptaron las medidas para impedirlo o sancionarlo.
Uno de estos procesos judiciales ya se encuentra en marcha en Ucrania. En julio de 2026 se elevó a juicio la causa contra cinco altos cargos militares rusos vinculados al ataque contra el hipermercado “Epitsentr” de Járkiv del 25 de mayo de 2024. A los acusados se les imputa la violación de las leyes y costumbres de la guerra en confluencia con homicidio intencionado, a la espera del fallo definitivo del tribunal.
En última instancia, el análisis trasciende los daños materiales en los edificios. Cada incursión exige esclarecer qué se pretendía atacar, si se conocía la presencia de civiles y si se agotaron las medidas para evitar víctimas. De estas respuestas depende la calificación jurídica de los hechos y la depuración de responsabilidades penales.
Para la población, las consecuencias van más allá de los términos legales: implican clientes y trabajadores asesinados o heridos, comerciantes despojados de su sustento, empleados de almacenes destruidos y empresas forzadas a reorganizar su logística en cuestión de horas. Por todo ello, las agresiones contra la infraestructura comercial constituyen simultáneamente una amenaza directa a la seguridad civil, un severo quebranto económico y un hecho susceptible de constituir crímenes de guerra.