Al borde de una catástrofe de infraestructura crítica
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El invierno de 2025-2026 ya se ha consolidado como el más desafiante para el sistema energético ucraniano. En los últimos meses, los días en que el enemigo no ha arremetido contra la infraestructura civil son contados, alternando ataques masivos contra grandes centrales termoeléctricas (TEC) e hidroeléctricas (HES) con el terror constante de drones contra objetivos energéticos en zonas próximas al frente.
Para la capital ucraniana, enero marcó un punto de inflexión: miles de residentes quedaron privados no solo de electricidad, sino también de calefacción. Mientras que la red eléctrica suele recuperar la operatividad con cierta rapidez, la ausencia de calefacción bajo temperaturas gélidas plantea una amenaza de catástrofe urbana sin precedentes.
El núcleo del problema reside en que, si el suministro de calor se interrumpe por más de 15 o 20 horas, el sistema debe ser vaciado de agua para evitar su congelación y el posterior estallido de las tuberías. En muchos casos, la reposición del servicio solo es viable una vez que la temperatura exterior se estabiliza por encima de los 0°C, dejando a la población ante el riesgo de pasar el resto del invierno a la intemperie térmica.
Si el agua no se drena, la congelación es inevitable. Según los principios básicos de la física, el agua al congelarse se expande, fracturando tuberías y colapsando el suministro general. Lamentablemente, este escenario ya es una realidad generalizada en la capital durante enero de 2026.
Hasta el 23 de enero, datos oficiales confirman que cerca de 2.000 edificios residenciales en Kyiv permanecen sin calefacción. Algunos hogares llevan desde el 9 de enero en esta situación, con temperaturas interiores que descienden incluso hasta los 0°C.
Los intentos por restablecer el servicio a veces derivan en tragedias aún mayores. En un edificio de gran altura en el céntrico distrito de Pechersk, tras 48 horas sin calor, los servicios comunales intentaron reactivar el sistema. El resultado fue devastador: una rotura en las tuberías del piso superior provocó una inundación masiva con agua caliente en todo el portal.
"Por la noche escuché un sonido, como si el agua empezara a correr por las tuberías. Me alegré porque para entonces ya hacía mucho frío en el apartamento. Me acosté con la esperanza de que volviera el calor. Pero me desperté en plena madrugada por un estruendo. Alguien golpeaba la puerta. En el portal ya había caos; los vecinos corrían intentando salvar sus pertenencias, tirándolas por las escaleras. Ni siquiera entendí de inmediato qué estaba pasando. No había luz, todo estaba lleno de vapor, la gente corría y gritaba”, relata Olena, una de las residentes cuyo apartamento también se inundó.
El flujo incesante de agua desde la planta superior duró varias horas. Durante ese tiempo, los residentes no supieron a quién acudir por ayuda; diversas instancias alegaron no tener competencia sobre tales problemas. Finalmente se logró cortar el suministro, pero los apartamentos quedaron sin calefacción, sin electricidad y gravemente inundados. En estas condiciones precarias siguen viviendo varias familias que intentan rescatar sus hogares y mitigar las consecuencias del desastre.
"Sé que Rusia es la única responsable; es la causa raíz de lo que sucedió. Quién realizó las reparaciones o cómo se ejecutaron es solo una consecuencia secundaria. Si no hubiera bombardeos que destruyen nuestra infraestructura, no habría problemas para realizar trabajos urgentes y de emergencia”, sentencia Olena.
Ahora, los residentes del edificio esperan un peritaje oficial que determine la gravedad de los daños y la posible compensación para los vecinos afectados.
Este caso no es un hecho aislado. En la orilla izquierda de la capital y en el distrito de Rusanivka, decenas de edificios permanecen sin calefacción y casi sin electricidad desde el 9 de enero. El Servicio Estatal de Emergencias (DSNS) ha desplegado puntos de calor móviles para cargar dispositivos y mitigar el frío, mientras que, en algunos distritos, los servicios utilizan generadores industriales para devolver la electricidad de forma temporal y limitada a unos pocos edificios circundantes.
La propaganda rusa intenta justificar sus ataques contra la infraestructura energética alegando que la electricidad sostiene la industria militar. Esta narrativa ignora el derecho internacional humanitario, que prohíbe explícitamente atacar objetivos civiles y no vincula a las centrales térmicas o subestaciones con objetivos militares. En 2024, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arresto contra altos mandos rusos implicados en ataques contra el sistema energético ucraniano durante 2022-2023, reconociendo dicha práctica como un crimen de guerra.
No obstante, si para los cortes eléctricos el Kremlin busca excusas propagandísticas, los ataques contra centrales térmicas, plantas de suministro de agua o estaciones de alcantarillado carecen de cualquier justificación lógica, incluso desde la propia óptica de la propaganda.