Yuriy Lyapkalo: ‘En cada patio de Mariúpol había tumbas de civiles asesinados’

Yuriy Lyapkalo y su hijo Glib, de tres años, pasaron casi dos meses bajo constantes bombardeos tratando de sobrevivir sin comida, agua, calefacción ni comunicaciones.
Oleksandr Vasylyev07 Julio 2024UA DE EN ES FR IT RU

Cuando comenzó la invasión a gran escala, yo vivía con mi hijo Glib de tres años, mi novia y su hija de 15 años. En los primeros días de la guerra no teníamos mucha idea de lo que estaba sucediendo. Nadie creía en la guerra, decían que era imposible. Ya se estaban librando batallas en la orilla izquierda de la ciudad y en nuestra zona se escuchaban sus ecos.

Pero luego empezamos a ver a la gente que huía, recogiendo sus cosas. Cada día, incluso cada hora, los cañonazos se acercaban más y más y no sabíamos dónde meternos, no se hablaba de la evacuación, nadie sabía nada. Poco después, desapareció agua, comunicación, gas y electricidad. Entramos en la edad de piedra. Comenzaron los pogromos de tiendas, la gente se lo llevaba todo. Se llevaban todo lo que pillaban. Vivíamos en el cuarto piso, pero nunca bajábamos al sótano, no queríamos morir bajo tierra.

Юрій Ляпкало зі своїм сином Глібом Yurii Liapkalo with his son Hlib Юрий Ляпкало с сыном Глебом

Yuriy Lyapkalo con su hijo Glib

En nuestro apartamento la temperatura estaba bajo cero, nos moríamos de frío. Junto con unos vecinos preparamos la comida en el patio sobre una fogata. A veces nos atacaban cuando estábamos cocinando. Una vez hubo un fuerte bombardeo, todos se escondieron y yo salí corriendo a llevarme la cacerola con sopa de fuego, porque tenía que alimentar a mi hijo y no había más comida.

Luego, cuando la situación empeoró y la casa estaba temblando por constantes bombardeos, decidimos ir un poco más lejos para estar más tranquilos. Allí vivían mi tía y mi abuela, mi primo y mi ahijado. En su edificio, una familia salió dejando su apartamento, así que allí nos mudamos.

Todos los días salíamos, como se decía “de caza”, a buscar provisiones, cualquier cosa. Tampoco había agua y el pozo estaba a dos kilómetros de distancia, en el sector de casas privadas. Ir a buscar agua, era un billete sin vuelta: a veces al caminar veíamos cadáveres tirados de civiles que murieron durante bombardeos. Y tú tampoco sabías si volverías o no. Cuando no había absolutamente nada que comer, comíamos palomas. Al menos algo de carne, para hacer caldo... Y si llovía, entonces se recogía agua de lluvia.

Трирічний Гліб у зруйнованому Маріуполі навесні 2022 року Three-year-old Hlib in the destroyed Mariupol in the spring of 2022 Трехлетний Глеб в разрушенном Мариуполе весной 2022 года

Glib, de tres años, en Mariúpol destruida en la primavera de 2022

Una vez, mi primo y yo fuimos al mercado “Autostanzia-2”. Todo lo que había para llevar, la gente ya se lo había llevado, pero logré encontrar unas cuantas manzanas, un paquete de té, medias para mi hijo y toallitas húmedas, que eran muy importantes, porque no había cómo tomar baño. Y mientras estábamos revolviendo las cosas del mercado, de repente aparecieron dos “orcos”.

“¡Señores merodeadores, en formación!”, nos gritaron en ruso disparando una ráfaga en el aire. Nosotros formamos una fila y nos registraron a todos, revisando los documentos que yo no llevaba encima.

Uno de los soldados rusos amenazó con fusilarme y disparó una ráfaga a mis pies. Luego me pusieron de rodillas, me registraron, me golpearon y luego me soltaron. Al regresar a casa, también pasamos por tiroteos.

Con el tiempo, se nos acabó la comida y ya no venían las palomas. Todavía teníamos un perro, pero no nos lo podíamos comer porque era nuestro perro. Entonces decidimos ir buscando algo de comida. Nos enteramos de que cerca del supermercado “Metro” los rusos repartían ayuda humanitaria. Decidimos ir allí, de lo contrario moriríamos de hambre. Tardamos cuatro horas en llegar, todo estaba devastado, había muchos cadáveres en las calles y tumbas en cada patio... Entramos en el territorio ocupado por los rusos. Por cierto, entonces se hablaba mucho de que el ejército ucraniano supuestamente disparaba contra civiles. ¡No era verdad! Pasé por delante de ellos, en particular frente a los de Azov, y nadie nos dijo nada, nadie nos molestó.

Al final llegamos al “Metro” y esa parte de la ciudad quedó completamente destruida. Una vez estuve en Pripyat [*ciudad abandonada cerca de la central nuclear de Chornobyl]: es una ciudad floreciente comparada con la destruida Mariúpol. Fue simplemente horrible: los cadáveres no se retiraban de las calles, había mucho equipo militar destruido. Bueno, así es la guerra...

Маріуполь, весна 2022 року Mariupol, spring 2022 Мариуполь, весна 2022 года

Mariúpol, primavera de 2022

Entonces, cuando llegamos al “Metro”, nos dijeron que aquel día ya no repetirían la ayuda humanitaria. Nos quedamos con hambre, tuvimos que pasar la noche en algún sitio, y ya no podíamos volver al apartamento, porque era una caminata de tres o cuatro horas, y teníamos a una abuela anciana con nosotros, ella no tiraba adelante.

Había unos almacenes de alimentos cerca, decidimos pasar allí la noche, subimos a un cuarto y de repente vimos un cadáver “sentado” a 20 metros de nosotros. Bueno, no sabíamos dónde meterlo...

Nos despertamos por la mañana, volvimos al “Metro”, allí nos dijeron que aquel día tampoco habría ayuda humanitaria. Nos volvimos a casa.

Quiero hablar de la aviación aparte. Fue terrible. Mi hijo, tiempo después de haber dejado Mariúpol, al escuchar un estruendo en el cielo, se seguía escondiendo. La ciudad fue bombardeada terriblemente, además, tiraron bombas a todas partes, bombardeando áreas residenciales, donde no había instalaciones militares ni de infraestructura. Eso fue espantoso.

Маріуполь, весна 2022 року Mariupol, spring 2022 Мариуполь, весна 2022 года

Mariúpol, primavera de 2022

Luego supimos que unos autobuses salen de la ciudad hacia Taganrog. Llegamos, hicimos fila, nos subimos a ese autobús, la gente se amontonaba de forma terrible. En el primer puesto de control, a todos los hombres les ordenaron salir y ponerse en fila. Uno por uno todos entraron en un contenedor para ser interrogados. Fui el último en entrar, porque el pequeño salía del autobús cada rato y me llamaba: “¡Papá, papá!”.

Al final, revisaron mi teléfono y me preguntaron qué niño llevaba conmigo. Luego no les gustó que mi teléfono estuviera demasiado limpio y empezaron las amenazas. En particular, con fusilarme. Pero solo me golpearon y me dejaron ir. Al salir de Mariúpol, en uno de los pueblos vimos la luz de una linterna y el pequeño me preguntó: “Papá, ¿qué es esto?”. Imagínense que ya se le olvidó qué era la luz.

Pasamos toda la noche en la aduana. A los sospechosos les llamaban para un interrogatorio de filtración. Pero al final acabó y nos fuimos a Taganrog, donde mis amigos vinieron a recogerme y nos llevaron a Sebastopol. Y ya desde Sebastopol partimos hacia la República Checa.


Recordemos que el 28 de agosto de 2023 la iniciativa de derechos humanos T4P presentó un informe ante la Corte Penal Internacional que fundamenta que Rusia cometió genocidio en Mariúpol, Ucrania. Los autores del informe estiman la cantidad de unos 100.000 muertos como resultado de la toma de Mariúpol por parte de Rusia.

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