¿Qué hace un capellán militar y para quién?

¿Y qué tiene que ver con unas empanadillas? Oleg Sydorenko, teniente coronel de las Fuerzas Armadas de Ucrania, recuerda una anécdota de su servicio.
Andriy Didenko21 Marzo 2024UA DE EN ES FR RU

Soy Oleg Sydorenko. Teniente coronel del Ejército de Ucrania, Comando de tropas terrestres. Antiguo oficial del Ministerio del Interior, coronel de la policía. Y también servidor de Jesucristo.

Para empezar: ¿quién es un capellán? Una vez tuve una conversación con uno de los pastores que me dijo: “¿Qué diferencia hay entre el servicio de un capellán y un evangelista? El evangelista va y predica. Trae a la gente la noticia de la salvación. ¿No es lo que hacen los capellanes?” No. El trabajo y el objetivo son los mismos. Pero el contexto, la directriz de este trabajo es completamente diferente, porque un capellán también es evangelista, pero en un determinado ambiente profesional. Su tarea no es sólo traer buenas noticias, sino ser parte integral de un grupo.

Ілюстрація: Марія Крикуненко / Харківська правозахисна група Illustration: Mariia Krykunenko/Kharkiv Human Rights Protection Group Иллюстрация: Мария Крикуненко / Харьковская правозащитная группа

Ilustración: Maria Krykunenko / Grupo de derechos humanos de Járkiv

Me viene a la memoria un caso. En 2015, en la 28ª brigada, había un cocinero, apodado “Cosmos”, que últimamente andaba entristecido. Era un gran cocinero. El grupo tenía 28 hombres, un pelotón. Y él era cocinero de este pelotón. Andaba angustiado, estaba fuera de sí. Cuando hablé con él, me contó que tenía problemas con su esposa. Primero estaba cansada de que su marido trabajara en el restaurante como cocinero junto con ella. Y de repente él se fue a la guerra. Y ya no le dedicaba todo su tiempo a ella, ni a sus dos hijos, sino al equipo militar. Ella decidió pedir el divorcio. Le pedí el número de teléfono de su esposa y hablé con ella.

Le conté a Natalia lo difícil que era para nosotros estar aquí en primera línea del frente. Cómo necesitábamos sentir algo parecido al calor familiar, sentir que alguien cuida de nosotros, que tenemos un hogar.

Y un cocinero que no se limita a hervir patatas, ponerlas en la mesa y abrir una lata con carne, crea esta sensación. Por ejemplo, al no tener estufa, en el campo, cerca de Stanytsia Luganska, su marido hizo un horno con una plancha de hierro. Preparó una masa con harina y agua, y al no haber otros productos en la línea del frente, hizo un relleno de carne enlatada y cebolla. De esta manera nos preparó unas empanadillas de carne, horneadas directamente en un brasero común que estaba en medio de la tienda.

Cuando te encuentras en unas condiciones de campo terribles, cuando te despiertas en un charco porque ha llovido toda la noche: en estas condiciones, por supuesto, no estás de buen humor. Y de repente el cocinero te sirve comidas como esta. Parecen hechos con ingredientes sencillos, pero te suben el ánimo.

Cuando le conté a Natalia que las misiones de combate dependen de una persona, de su marido, y por tanto de él depende la paz y la tranquilidad de nuestro país y de su familia, cambió de actitud hacia su marido. Cuando me encontré con él algún tiempo después, estaba muy contento y me dio las gracias, porque el capellán le había ayudado a preservar su relación familiar.

Обід у польових умовах, ілюстративне зображення Depositphotos [українські військові обідають, війна] Lunch in the field, illustrative image Depositphotos Обед в полевых условиях, иллюстративное изображение Depositphotos

Almuerzo en el campo, imagen ilustrativa de Depositphotos

Lo que pasa es que yo hago una gran diferencia entre la asistencia psicológica a las víctimas y a los afectados por el TEPT (trastorno de estrés postraumático) y la labor de un capellán que ofrece apoyo espiritual a una persona. Puedo comparar a un psicólogo con un médico en una clínica. Si te encuentras mal, te duele la garganta, pues vas al médico. El médico te examina, te receta algo y prescribe un tratamiento. Cuando te has recuperado, vuelves a verle, y él te da de baja. Un psicólogo hace lo mismo.

¿Qué hace un capellán? Cuando una persona está enferma, va al hospital y es atendida por un médico personal. Y desde el principio, desde el diagnóstico y el proceso de tratamiento y hasta la recuperación total, el médico siempre está cerca del paciente. Realiza un reconocimiento médico todos los días. Recorriendo las salas, donde se comunica con cada paciente en persona. Cambia el tratamiento si es necesario. Vigila su salud. Habla con él. Y al final, da de alta a una persona curada.

Por ejemplo, alguien sufre el trastorno de estrés postraumático. El capellán se dirige a su entorno. Se comunica con el comandante. Pide al comandante no levantar la voz hacia este militar, porque está pasando por una fase del trastorno de estrés postraumático.

Luego — relaciones familiares. Llamar a su esposa, sus hijos, su madre. Pedirles que llamen a este militar varias veces al día, que le digan cuánto lo aman y cuánto confían en él. Que se sienten protegidos precisamente por su participación en esta guerra.

La persona está abrumada por las emociones, el capellán sigue comunicándose con ella, le cuenta historias bíblicas con los héroes del Antiguo y Nuevo Testamento. Especialmente con el personaje principal, Jesús, que también tenía miedo. Sí, tenía miedo. Él también tenía trastorno de estrés postraumático, que se reveló mientras oraba en el Huerto de Getsemaní. Estos ejemplos ayudan a hombres y mujeres en servicio a deshacerse de este malestar y volver a la normalidad.

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Militar ucraniano, imagen ilustrativa Depositphotos

En primer lugar, yo también soy militar, por eso me resulta más fácil comunicarse en el lenguaje militar. Durante dos años y medio estuve constantemente en la línea del frente, en las unidades de combate de la 28.ª brigada mecanizada. Todos los días eran iguales. Cuando comenzaba la batalla, les decía con pasión: “¡Chicos, el mismo Jesucristo nos está guiando en esta batalla! ¡Él es un ganador! Él obtuvo su victoria en el Calvario y ahora él, vencedor de todo lo negro y oscuro de este mundo, nos lleva a nuestra victoria. ¡Él está con cada uno de vosotros! ¡Os ayuda a apuntar bien! ¡Os ayuda a cargar el fusil rápidamente! Él está a vuestro lado, ¡recordadlo! Sólo Cristo nos da esperanza. ¡Solo con él venceremos! ¡Adelante, con Cristo hacia la victoria!”

Decía estas palabras antes de la batalla. Y después de la batalla, si alguien resultaba herido, también repetía las palabras de apoyo que Jesucristo siempre estaría cerca. Incluso por la noche, cuando el médico está ocupado con los otros, cuando la enfermera o uno de los amigos se queda dormido, tú no estás solo, recuerda que no estás solo.

Junto a tu cama está Jesucristo diciendo: “Yo no me cansaré nunca. No te diré: espera, necesito hablar con otros, necesito hacer mis cosas. O lo siento, quiero estar solo ahora.” Cristo nunca te lo dirá.

Él siempre te dirá: “Dame tu mano, siente la palma de tu mano en la mía. Te sujetaré fuerte. No te soltaré, me quedaré a tu lado el tiempo que sea necesario. Y te escucharé el tiempo que haga falta. Háblame, quiero escucharte. Quiero ayudarte. No me dejes, y yo nunca te dejaré, porque eres mío."

El objetivo de los capellanes no es provocar tu arrepentimiento, no es llevarte al bautismo o a la iglesia. Es el trabajo de Dios. Nuestra labor es que conozcas a Jesucristo. Hablarte sobre él: de lo generoso, cariñoso y constante que es. Su amor durará para siempre. Este es nuestro objetivo.

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Militar y capellán ucraniano, imagen ilustrativa Depositphotos

Me gusta mucho lo que hacen en los Estados Unidos, donde las personas que regresan de la guerra en Afganistán e Irak obtienen inmediatamente sus merecidas vacaciones con la familia: sus esposas y sus hijos. Asistiendo a eventos y programas culturales. Vienen artistas y músicos a sus instituciones. Hacen conciertos, concursos, competiciones. Una persona no debe pasar su tiempo sin hacer nada, tumbado en la playa, almorzando, cenando y yéndose a dormir ¡No!

Es necesario que realicen su adaptación social constante con la ayuda de grupos especializados que les hagan comprender que son una parte integral y necesaria de la sociedad. Que son una pieza indispensable de la misma.

El reloj suizo es bueno y fiable, pero si le quitamos el tornillo más pequeño dejará de funcionar. Es necesario explicar a cada militar que él y su familia son un componente indispensable de nuestra sociedad, a la que él defendió, por la cual perdió su salud y tal vez alguna parte de su cuerpo. Estos programas deben gestionarse a nivel del estado, no a nivel de voluntarios.

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Militar ucraniano, imagen ilustrativa Depositphotos

Luego viene la adaptación social. Si la persona ya no trabaja, debe haber una relación especial con los centros de empleo, en función de la profesión de la persona que ha regresado del frente con el trastorno de estrés postraumático. Es necesario saber dónde esta persona puede sentirse más útil. No para el estado, sino para él mismo.

Por ejemplo, yo regresé de la guerra, y ahora se necesitan obreros en la construcción, yo no soy un obrero y no puedo trabajar en esto. Soy periodista, poeta, compositor. A esta persona hay que involucrar en este tipo de actividades. Porque si una persona así se queda a solas con su problema, nunca irá al centro de empleo, no buscará un trabajo. Se aislará más, se esconderá en su concha. Y al final morirá allí. Ya no saldrá fuera.

Cuando la sociedad se preocupe por el regreso de los militares, la sociedad prosperará porque la gente hará todo lo posible empleando todos sus conocimientos, habilidades y deseos en el área que les ayude a encontrarse a sí mismos.

La guerra es una lucha. Es una lucha entre la oscuridad y la luz. La luz siempre gana, pero la oscuridad no bajará sus armas así como así. La oscuridad utiliza todos sus medios para dejar menos luz en este mundo. Menos amor, menos bondad. Menos respeto entre las personas. Y mientras esta lucha continúa, estamos obligados a acumular todas nuestras fuerzas, dirigir todas nuestras oraciones a Dios. Para esto hay que purificar nuestros corazones. Dios no quiere personas de doble cara. Las personas de doble cara no pueden comunicarse con Dios. En primer lugar, cada uno debe purificar su corazón. Volverse de espaldas al pecado. Y enfrentar a Dios. Volverse de espaldas a la oscuridad, a este mal, al desastre.

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