Para que la historia no desaparezca: qué datos se necesitan para documentar crímenes

A la madre le quedó la grabación de una de las llamadas de su hija. De fondo, junto a su voz, se escucha a un hombre dictándole lo que debía decir. También tenía cartas y noticias que le llegaron a través de otras personas. A partir de estos fragmentos, intentaba entender dónde tenían a su hija y qué había sido de ella. Una sola llamada no cuenta toda la historia, pero da un punto de partida desde el cual empezar a avanzar.
Durante las entrevistas, estos detalles van cobrando forma poco a poco hasta reconstruir lo sucedido. ¿Dónde empezó todo? ¿A dónde se llevaron a la persona? ¿Qué vio con sus propios ojos y qué supo por boca de otros?
Testimonios de los familiares
El testimonio de los familiares suele convertirse en la única fuente sobre lo ocurrido cuando la víctima ha fallecido, ha desaparecido, se encuentra en cautiverio o es privada de libertad ilegalmente. Ellos pueden aportar su parte de la historia. De la precisión y la coherencia del relato depende cómo se construya la base probatoria.
En sus manos quedan llamadas, cartas, mensajes y largos meses sin noticia alguna. No vieron lo que ocurría tras las puertas de la celda, pero saben cómo buscaron a su ser querido y qué les respondieron. Sin su voz, la historia estaría incompleta.
Qué deberían guardar los familiares
Antes de hablar con los documentalistas, es recomendable prepararse. No es un examen, pero hay cosas que es mejor preparar con antelación.
1. Grabaciones de llamadas y mensajes de voz
Guarde los archivos originales, no solo capturas de pantalla o re-grabaciones. Por ningún motivo los recorte ni edite, ya que debe preservarse la autenticidad de los documentos electrónicos. Las voces y sonidos de fondo también pueden ser relevantes, así que no borre lo que parezca “sobrante”. Es mejor guardar de más, pues elementos que a su juicio no importan pueden jugar un papel clave para los investigadores.
Es fundamental que haga varias copias y las guarde en diferentes soportes y lugares.
2. Cartas y mensajes
Apunte las fechas, horas, números de teléfono, nombres y cuentas desde las que llegaron las noticias. En el caso de los chats, es muy útil exportar el historial además de hacer capturas de pantalla.
3. Noticias de otras personas
Anote quién, cuándo y qué le transmitió exactamente. Guarde el contacto de esa persona y toda la información personal que pueda reunir sobre ella. Cuantos más datos haya, más fácil será identificarla. Desde el principio aclare si presenció los hechos directamente o si está contando algo que escuchó de otros.
Cuando varias personas mencionan los mismos lugares o hechos parecidos, sus testimonios ayudan a comprender mejor lo sucedido. Además, conservan lo que no cabe en un mensaje corto: la voz de la persona, su miedo por los suyos y los pequeños detalles a los que se aferró.
4. Documentos
Haga varias copias en papel o digitales de los documentos: pasaporte, fotos, informes médicos, la denuncia de desaparición con sus números de registro, respuestas de la policía, fiscalía, organizaciones civiles y otras instituciones. No olvide anotar las señas particulares o rasgos físicos de la persona para tenerlo todo a mano en caso de necesidad.
5. Objetos personales de la víctima
No tire, no lave ni “ponga en orden” las pertenencias de sus seres queridos ni los objetos recogidos en el lugar de los hechos. Pueden contener pruebas muy importantes.
6. Un registro cronológico propio
Anote de forma habitual cuándo y a dónde acudió, qué le respondieron, cuándo fue la última noticia y cómo se desarrollaron los acontecimientos.
En qué fijarse
La precisión empieza por las palabras “yo vi”, “me dijeron”, “yo supongo”.
Durante la conversación, diferencie lo que “vio” de lo que “le contaron”, nombrando siempre la fuente de la información. No deduzca ni invente. Es preferible responder con la verdad “no me acuerdo” o “no lo sé”, y será una respuesta totalmente válida.
Puede que recuerde un tramo de carretera, una inscripción en una puerta o palabras que oyó a otros. Esos detalles son importantes, pero una suposición debe quedar registrada como tal.
Por supuesto, repetir el relato resulta agotador. A veces la persona no sabe con certeza dónde tenían a su familiar, ni cuándo o a dónde se lo llevaron, y puede necesitar tiempo. No hay que tener prisa.
Acuerde pausas, la presencia de una persona cercana que le pueda apoyar o la asistencia de un psicólogo. Esto también ayuda a la precisión del testimonio.
Sobre la seguridad
Pregunte quién realiza la entrevista, con qué fin, cómo se guardarán sus palabras y quién tendrá acceso a ellas. Tiene derecho a aceptar o rechazar que le graben, así como a permitir o prohibir que se mencione su nombre.
No publique detalles en redes sociales mientras la investigación esté en curso, y tenga cuidado con periodistas e intermediarios ocasionales. Entregue el material únicamente a organizaciones verificadas. Tenga especial cuidado si alguno de sus familiares o conocidos se encuentra en territorios ocupados: un detalle revelado podría perjudicarles.
La documentación no puede sustituir el reencuentro con los suyos ni devolver los años perdidos. Pero preserva las palabras de quienes esperan y de quienes sobrevivieron al cautiverio. Para que sus historias no desaparezcan tras la frialdad de las cifras.