‘No quedó nada de mi vecino, solo los zapatos. . . ’

Una habitante de la aldea de Moschun en la región de Kyiv habla sobre los horrores de los primeros días de la guerra a gran escala. Su casa fue completamente destruida, hasta los botes de conservas en su bodega fueron quemados.
Oleksiy Sydorenko10 Julio 2023UA DE EN ES FR IT RU

Зінаїда Костенко Zynayda Kostenko Зинаида Костенко

Zinayida Kostenko

Soy Zinayida Yakivna Kostenko, tengo 67 años. Vivo en la aldea de Moschun, en la calle Vyshneva. Vivo aquí toda mi vida. Estudié en la escuela, luego terminé la Universidad de Comercio y al casarme, me quedé aquí a trabajar. Trabajé 32 años como dependiente en el centro de la aldea. Era gerente. Pues pasé en esa aldea toda mi vida.

¿Cómo fue el primer día de la guerra a gran escala?

El día 24, fui a trabajar temprano, abrí la tienda a las ocho en punto. Escuché unos ruidos lejanos. Me llamó una amiga que vivía cerca del aeródromo. Llamó y dijo que empezó la guerra, nos están disparando. Y yo pregunté: ¿Cómo que disparando? Todavía no nos lo creíamos. Simplemente escuchábamos ruidos sordos a distancia. Ella tiene un bebé de un año y dos meses y un hijo de doce años. Se echaron a correr porque su casa fue bombardeada. Le dije que vinieran acá, que aquí estaba tranquilo. Llegaron... Se quedaron aquí el día 25, todavía el 26 estaban en casa, porque solo se escucharon ruidos lejanos. Ya el 25 se cortó la luz. Todavía teníamos gas, pero ya no había luz. Mi marido dijo: “Llamé a mis amigos y dijeron que la autopista de Odesa estaba libre, se podía pasar”. Y ellos son del municipio de Stavyshche. Pues dijeron: “Nos vamos, aquí no nos quedaremos”. Nos levantamos por la mañana, y vimos los helicópteros volando. Nuestro pueblo está en un hoyo, como si estuviera en un valle. Con el bosque a los dos lados y un río en medio. Estábamos en la habitación y el esposo de Oksana dijo: “¡Tía Zina, mira, vienen volando!” Vi unos quince helicópteros o lo que fuera aquello. Y en media hora volvieron a bombardear. Volvieron a bombardear el aeródromo... Ellos se fueron.

¿Y no pensó entonces en la evacuación?

Nos quedamos. ¿Acaso dejaría yo mi terreno? ¡Por supuesto que no! Llegó mi hija mayor, porque la menor ya se había ido con su chaval de catorce años. Mi yerno todavía seguía en el patio. Y dijo lo mismo, apoyando a su suegra. Mi consuegra también... ¿Quién nos tocaría? Y ya han empezado los bombardeos con los “Grad”.

Mi hija y yo seguíamos alimentando a los de la milicia territorial. Estaban cerca aquí. Había gas, pues cocinábamos, ¿por qué no preparar la comida caliente para los chavales? Les dije: chicos, nos encargamos del té y de la comida calientes. Les preparamos la comida hasta el día seis de marzo. Y luego, el día seis, salimos con la comida, pero los muchachos ya no estaban. Y el cinco de marzo se quemó la casa de un vecino. La vecina vino a nuestro sótano. Cuando comenzó el bombardeo, corrimos al sótano. Nos quedamos allí, esperando a que terminara. Hasta que los “Grad” dejaran de disparar. Salimos cuando se silenció todo. Al salir, vimos que era de noche. En general, allí hicimos un dormitorio: llevamos todas las almohadas de los sofás, y nos quedamos allí sin salir.

Nos quedamos aquí hasta el día seis... Cuando salimos, los de la milicia ya no estaban. Dije: “Ira, si los muchachos han dejado su puesto, entonces algo anda mal aquí”. Llamé a mi yerno, tenía el teléfono apagado. Luego apareció él mismo corriendo y diciendo: “¿Qué vamos a hacer?” De repente empezaron a disparar los “Grad”. Nos escondimos, los “Grad” terminaron, mi yerno subió arriba para ver su casa: su casa estaba en llamas. Corrió hacia su casa. Le dije: “¡Espera a que terminen los disparos, luego irás!” Comenzaron a disparar, luego hubo una pausa de diez minutos, luego otra vez. Dios, yo estaba rezando a Dios para que llegara a algún sitio y se escondiera. Todo estaba en llamas. Fue terrible: todo este lado de la aldea ya estaba en llamas. Yo dije: ¡Dios, ojalá llegara! Luego Ira me dijo: “Mamá, aquí no nos quedaremos. ¡Prepárate!” Vinieron a por mí, cogí un paquete con documentos, me vestí, cogí una bolsa con algo de dinero y dije: ¡vámonos!

¿Cómo se salvaron?

Nos echamos a correr hacia el otro lado de la aldea. Corriendo, nos llevamos a la vecina, porque se quedó sola. Y había un dron sobrevolando. Les dije a las chicas no fueran en grupo. Para no caminar todas juntas. Mejor cada una por separado. Volodya arrancó el auto, pasó al otro lado, nos recogió y ya al pasar por la aldea, vimos que no había gente. No nos encontramos a nadie. La aldea se quedó en plan fantasma. Tu vas, pero está muerta. Al pasar, dije: ¡Dios mío, es como si fuera una película, una película! Destruida, en llamas, sin casas. Tu vas, y es aterrador. Bueno, dejas la aldea y da miedo. Había disparos, pasábamos, y a nuestras espaldas explotaban proyectiles. Ya no corríamos... ¡Teníamos tanto miedo! Y este dron que nos estaba sobrevolando, daba un miedo de la muerte. Parecía que podías tocarlo con la mano.

¿Qué pasó con su propiedad?

¿Qué le pasó?... El día catorce, hubo una pausa, mandé a mis hijos a que fueran a ver qué pasaba allí. Luego me mostraron esta foto. Todo destruido, todo arrasado, todo quemado. Parecían proyectiles, un hoyo por aquí, otro por allá, tal vez algo así alcanzó la casa. Creo que sí, porque no podía quemarse de inmediato. ¡En el sótano se quemaron las conservas! ¡Puede imaginar cómo fue si se quemaron los botes de cristal! ¡Qué temperatura! Había una bodega, una cocina de verano, la propia casa... La cocina de verano con estufa donde estaban los animales... Había un cobertizo con leña... un garaje... Todo estaba destruido, probablemente en un día. En la casa vecina vivían dos abuelos. El abuelo tenía 86 años y la abuela 83. Dijeron que no se irían, porque eran viejos y ya no importaban a nadie. A la abuela la encontraron muerta en el sótano y al abuelo — en el patio. Parecía asesinado por un proyectil. Porque había un cráter exactamente como el mío en su patio. El cráter suficiente para esconder un coche “Moskvich” o un “Zaporozhets” y taparlo con tierra.

Creo que el día cuatro mataron a un chaval de la milicia territorial... Estaban aquí mismo, tenían un auto. Se movían de un de puesto al otro. El auto se averió, lo dejó en el patio para reparar. Luego empezaron a disparar con proyectiles. Y él se escondió con su madre y un amigo en el sótano. Cuando parecía que estaba todo calmo, Sasha salió y un proyectil le hizo pedazos frente a su madre. Oímos gritos histéricos. Yo dije: chicas, algo pasó. Algo muy grave a juzgar por los gritos. Y fue la madre que gritaba: no quedó nada de su hijo. Solo los zapatos tirados por allí, nada más. Nos la llevamos. Le dimos sedantes para que se calmara. Le dije: “¡Cariño, no grites! ¡Los muchachos se encargarán de todo!” Los muchachos recogieron los pedazos de su cuerpo, los que quedaban, los metieron en una bolsa que enterraron en el cementerio.

¿Podría creer que habría una guerra a gran escala?

No, no me lo creía. ¡Dios mío! ¿Acaso Rusia no tiene suficiente tierra? ¡Tiene tanta tierra! Simplemente hay que trabajar y hacer lo que hacemos los ucranianos. Hacedlo y lo tendréis todo. ¿Por qué os metéis aquí? ¿Por qué estáis invadiendo la tierra de otros? ¡No me lo creía! En primer lugar, mi padre era ruso. Se casó con mi madre después de la guerra y resulta que mi madre es ucraniana y mi padre es ruso. Me crio mi abuela, una mujer rusa. No podía creer que los rusos atacarían a un pueblo igual que el suyo. Acaso no saben que Kiev es más antigua que Moscú. ¿Dónde os estáis metiendo? ¿Queréis más poder? ¿Cuánto queda para Pushcha-Vodytsia? ¿Siete kilómetros? Y ya es Kyiv. Y pensaron que pasarían. Los muchachos de aquí decían que sus soldados tenían mapas de los años setenta. Ni siquiera tenían mapas actuales. Y fueran adonde fueran, ya había un asentamiento allí. Había gente. Ya se han construido casas de verano, urbanizaciones. ¡Cuántos años han pasado! Pensaron que iban a atravesar el bosque, ¡pero no! Alrededor había edificaciones, había nuevos distritos. La vida no paró. Pensaron que irían directos.

¿Se ha preparado para la guerra?

El dieciséis de febrero, mi hija (trabaja en un hospital) me dijo: “Mamá, algo raro está pasando, algo incomprensible. Prepara todas las cosas necesarias”. Yo dije: “Lo más importante es que no se quemen los documentos”. Simplemente no pensé que irían a quemarlo todo. Pensé que habría un enfrentamiento y ya. No pensé que quemarían la aldea. Puse todos los documentos en un bote, lo cerré y lo dejé en la bodega. Y lo más importante — como el pasaporte, la cédula de identidad — lo puse en una carpeta aparte. No iba a cargar con un saco de papeles, ¿Para qué? Es cierto que en la bodega se quemaron las puntillas de las carpetas y los documentos quedaron todos intactos. Le dije a mi hija: tengo 67 años, ¿Quién me va a tocar? ¿Para qué me quiere este pionero? ¿Acaso tengo una ametralladora o una pistola? ¡No tengo nada! Si quiere comer, que coma. Mucha gente de Kyiv vino aquí para esconderse, todos con niños. Tenían miedo de que se tomara Kiev. ¡Cuántos niños vinieron, todos con sus hijos! ¡Dios mío! Cuando empezaron a disparar los “Grad”, yo dije: ¡Huid a otro lugar! Adonde sea. Gracias a los voluntarios: llegaron en minibuses y sacaron a toda la gente. La gente salía en masa. Sin parar. Y siguieron adelante con sus hijos.

¿Cuáles son sus planes para el futuro?

No tenemos dinero. Y mientras lo ganemos, veremos cuál será la situación económica. Para construir algo, necesitamos dinero. Nuestras casas se han construido durante años, han sido renovadas, es mucho curro. No es una casucha de barro pintada de blanco. Nuestros padres sobrevivieron a la guerra y ahora nos toca a nosotros. ¡Así que sobreviviremos!

¿Ha cambiado su actitud hacia los rusos?

Nunca nos fijamos en lo estúpidos e ineptos que son, que no entienden nada. En Internet hay vídeos cómo un hijo dice a su madre: “Mamá, estoy preso”. Y ella le responde: “Me conviene más que te maten, así sacaré más dinero”. ¿Será verdad? ¿Será así una madre? Es imposible que una mujer sea así... ¿Hasta una perra cuida a su cachorro y ella dice eso? Parece surrealista. ¡Abrid los ojos! ¡Espabilad! La vida es tan hermosa y ¿qué estás haciendo? Lo tenéis todo, tenéis tierra, tenéis salud, tenéis inteligencia, haced el bien. ¿Estás escuchando a Putin este y qué? ¿Habéis ganado algo? ¡Nada! El mal de todo el planeta. ¡Os habéis convertido en fascistas rusos! Ahora, después de esta guerra, hasta un ruso sensato e inteligente, ya no será de fiar.

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